Por Silvia Zelaya
Universidad de La Laguna
szelayaa@ull.edu.es
Las Islas Canarias constituyen un laboratorio privilegiado para pensar la frontera sur de Europa: un territorio donde la insularidad, la racialización y el control diferencial de la movilidad producen umbrales profundamente desiguales de protección, visibilidad y cuidado. Investigaciones recientes han analizado los regímenes de in/movilidad producidos en el archipiélago durante las llamadas "crisis migratorias", mostrando cómo dispositivos excepcionales, humanitarios, burocráticos y carcelarios se entrelazan para inmovilizar selectivamente a personas racializadas. Este seminario propone una entrada complementaria a esos análisis: en lugar de preguntarse cómo se inmoviliza, pregunta cómo se distribuye diferencialmente la legibilidad de la vida, es decir, quién puede ser inscrito, interpretado, buscado, llorado.
El punto de partida es una escena concreta: durante meses, nadie encontró información pública sobre doce niñas negras, migrantes, desaparecidas de un centro tutelado en Lanzarote. Cuando por fin apareció algo en la prensa, la historia giraba en torno a la treta, la traficante, el engaño. Las niñas aparecían al final, como daño colateral de una historia que no era la suya. En contraste, en mayo de 2025, agentes de la Policía Nacional abatieron en el aeropuerto de Gran Canaria a Abdoulie Bah, un joven gambiano de 19 años con problemas de salud mental. Su muerte fue inmediatamente legible -como amenaza, como defensa, como intervención-. Entre estas dos escenas no hay contradicción: es la misma lógica operando en dos registros. Una cara produce intervención; la otra produce silencio. Ambas administran.

Para pensar ese reparto recurro a la noción de poder vulnerable: el poder que se presenta a sí mismo como amenazado para autorizar la intervención antes de que ocurra nada y a las economías afectivas que adhieren la sospecha a ciertos cuerpos antes del encuentro. Propongo que estos mecanismos no pueden entenderse sin atender a la dimensión histórica: Canarias ha funcionado como frontera imperial de Occidente en África, y la desafricanización del archipiélago no es un hecho natural sino una construcción política que produce jerarquías raciales concretas en el presente. La canariedad hegemónica opera de forma similar a los discursos del mestizaje en América Latina: construyendo una identidad aparentemente armónica que encubre jerarquías de origen colonial.
La investigación se articula con una práctica de mediación cultural -en construcción-Los que caminaron el mar. Zapatos en espera: una propuesta expositiva que traduce estas preguntas a un lenguaje de objetos y archivos, construida en parte a partir de objetos de familias con historia migratoria canaria recogidos durante esta misma estancia en Argentina.
La discusión que propongo parte de preguntas compartidas con quienes trabajan el Estado, la seguridad y los derechos: ¿qué produce el Estado cuando gestiona la frontera? ¿Qué tipo de archivo genera, qué vidas inscribe y cuáles administra en silencio? ¿Y qué pueden hacer la etnografía y la práctica cultural donde el archivo falla?