¿A qué se debe el extraordinario auge de la literatura del yo? ¿qué significa escribir el yo sin querer cerrarlo en el texto? Con estas preguntas Noemí Alonso Nicolás (Universidad de Valladolid) iniciaba la presentación de su proyecto de tesis doctoral sobre autobiografía, tiempo e inacabamiento en la literatura española y argentina actual. Su hipótesis sostiene que buena parte de la literatura contemporánea del yo no entiende la forma acabada como la culminación natural de la escritura, sino como una clausura potencialmente artificial. Se trata de una decisión de forma, la de unas escrituras que no entregan una imagen concluida del sujeto, que exponen su proceso de construcción, sus interrupciones, sus restos y sus posibilidades de transformación.
Para mostrarlo, la ponencia recorrió un arco que transita desde la resistencia al porvenir a través de algunos textos de Agustín Fernández Mallo, María Gainza, Eloy Fernández Porta o Camila Sosa Villada, entre otros autores de su corpus. La ponente sostenía así que la obra abierta se niega a cerrarse mediante el rechazo de la obra total y el sentido fijo, ya que toda forma completamente acabada puede resultar una ilusión frente a una experiencia que no se detiene, una identidad concebida en clave procesual y una narración de aquello que no admite una versión definitiva. Por eso, las obras de su corpus no solo cuentan vidas inacabadas, sino que construyen formas igualmente abiertas que hacen visibles sus condiciones. Desde esta perspectiva, se problematiza el tiempo como algo lineal y se plantea el concepto de “ruina autobiográfica”, con el que se explora cómo las experiencias vitales traumáticas pueden actuar simultáneamente sobre distintas temporalidades: como acontecimientos del presente, como residuos activos del pasado y como fuerzas capaces de condicionar el futuro. Esta concepción del tiempo conduce, a su vez, a apuntar la tensión entre proceso y producto, en una estética del ensayo que visibiliza y prepondera su materialidad y sus propios andamiajes. Son textos que muestran la obra mientras se está construyendo y que, al hacerlo, permiten reconstruir la mente de sus autores en plena búsqueda y comprensión de sus duelos internos. Pero esta apertura no se limita a señalar la imposibilidad de concluir, alcanza también su dimensión más productiva cuando el inacabamiento se proyecta hacia el futuro como un espacio de posibilidades. El texto incompleto conserva entonces la capacidad de ser reescrito, releído y transformado del mismo modo que el sujeto que lo produce permanece abierto a nuevas experiencias y, por tanto, no pude darse por terminado.

La jornada dejó así planteada una hipótesis de trabajo que la tesis doctoral continuará desarrollando y que encuentra su expresión en la propia imagen elegida para articular la ponencia: la del yo en obra. Esta fórmula no alude a un yo incompleto en el sentido de defectuoso, ni a un yo que todavía no ha alcanzado una forma final plenamente acabada, sino a un yo en permanente hacerse. El título remite, por tanto, a dos dimensiones simultáneas: el yo como objeto de una obra y el yo como algo que permanece en proceso de elaboración dentro de esa obra, el work in progress.
Desde esta óptica, la escritura contemporánea del yo se concibe como inacabada no por torpeza, premura o imposibilidad de concluir. Lo inacabado cesa de ser carencia para convertirse en postura ante el presente, en respuesta a las transformaciones socioculturales que han puesto en jaque las formas de entender la identidad, la experiencia y la propia vida. En este sentido, la propuesta reivindica una ética de la incompletitud como forma de resistencia frente al sentido final y como rechazo a convertir la vida, la herida o la identidad en objetos cerrados plenamente explicables y definitivamente disponibles.